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Entre desierto y agua
El cierzo y el agua han esculpido en la ribera de Navarra un paisaje singular y variado. Ríos y canales la surcan regando huertas geométricas que conviven con pequeños sotos salvajes. En contraste, la Bardena, ascética y lunar, enamora a quien la conoce.
Crisol de culturas
Desde tiempos arcanos, la Ribera ha sido lugar de asentamiento de civilizaciones que han dejado una vasta y variada herencia cultural. Palacios, iglesias, monasterios, barrios y arquitectura popular son un rico muestrario que da fe de la importancia histórica de la Ribera a lo largo de los siglos.
Costumbres ancestrales
Este legado se manifiesta en su folclore popular, en el que destaca la jota, la danza del paloteado, la ancestral suelta de toros y vaquillas durante las fiestas patronales y un sinfín de numerosas celebraciones singulares.
Tierra de buena mesa
La gastronomía es una de las señas de identidad de esta tierra, basada en un gran variedad de verduras de extraordinaria calidad, sin faltar excelentes vinos y aceites de sus bodegas y almazaras.
Y si algo sorprende gratamente al viajero, es encontrarse con la gente hospitalaria de esta tierra, sencilla y noble, que no duda en compartir cuanto tiene.
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